La etapa que va desde el nacimiento hasta los 6 años
es donde se desarrollan los procesos básicos para la vida adulta. El niño
adquiere las capacidades y funciones básicas que configuran su personalidad, la
estructura afectivo-cognitiva y la anatómica-fisiológica. El desarrollo
psicomotor se caracteriza por seguir un doble proceso, cualitativo en la
diversificación de funciones y cuantitativo en el crecimiento de las
estructuras neurológicas y físicas. Además, le permite al niño tener una
continua interacción con el entorno más inmediato. Por ello, de 0 a 6 años la
educación psicomotriz y sensoperceptiva tiene un papel fundamental para etapas
posteriores.
Tres son las leyes de maduración que rigen el
desarrollo psicomotor, que son: céfalo-caudal (el movimiento avanza de la
cabeza a los pies), próximo-distal (controla antes las partes más próximas al
eje central), y ley de lo general a lo específico (los primeros movimientos son
más generales, amplios y poco coordinados).
Atendiendo a dichas leyes de maduración, debemos diseñar actividades
para el niño basadas en los componentes del desarrollo psicomotor: tono
muscular, control postural, equilibrio estático y dinámico, relajación,
independencia motriz, esquema corporal, respiración, lateralización,
coordinación motriz y estructuración espacio-temporal.
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